Tragedias griegas

Tragedias griegas

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TANATOS.— ¡Ah, ah! ¿Qué buscas en estas moradas? [30] Una vez más arrebatas injustamente sus honores a los Demonios subterráneos. ¿No te conformas con haber desviado el destino de Admeto, engañando con tus astucias a las Moiras? Y ahora velas de nuevo, con el arco en la mano, por ésta, por la hija de Pelias que ha prometido a su marido libertado morir por él.

APOLO.— ¡Tranquilízate! Ciertamente, están de mi parte la justicia y las verdaderas razones.

TANATOS.— ¿Y para qué necesitas ese arco, si tienes de tu parte la justicia?

APOLO.— [40] Tengo costumbre de llevarlo siempre.

TANATOS.— Y de proteger estas moradas contra toda justicia.

APOLO.— Me afligen, en efecto, las desgracias de un hombre a quien quiero.

TANATOS.— ¿Aspiras a quitarme también este otro muerto[7]?

APOLO.— No te le he quitado por fuerza.

TANATOS.— ¿Cómo se encuentra, pues, sobre la tierra, y no debajo de ella?

APOLO.— Porque ha entregado en lugar suyo a su mujer, que es la que vienes a buscar.

TANATOS.— Y en verdad que me la llevaré debajo de la tierra, al Hades.


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