Tragedias griegas
Tragedias griegas APOLO.— ¡Cógela y vete! Porque no sé si podré persuadirte…
TANATOS.— ¿De qué? ¿De matar a quien hay que matar? Esa es, en efecto, mi misión.
APOLO.— [50] No es esa, sino llevar la muerte a los que tardan en morir.
TANATOS.— Comprendo esta razón y tu celo.
APOLO.— ¿Hay, pues, algún medio de que Alcestis llegue a la vejez?
TANATOS.— No hay ninguno. Comprenderás que yo también deseo disfrutar mis honores.
APOLO.— Seguramente, no te llevarás más que un alma.
TANATOS.— Cuando los jóvenes mueren alcanzo una gloria mayor.
APOLO.— Pero si ella muere vieja, se la enterrará con magnificencia.
TANATOS.— En favor de los ricos, Febo, estableciste esa ley.
APOLO.— ¿Qué has dicho? ¿Tan sutil te has vuelto sin que lo sepamos[8]?
TANATOS.— Aquellos a quienes les tocaron en suerte riquezas se redimirÃan para morir viejos.
APOLO.— [60] AsÃ, pues, ¿no quieres concederme esta gracia?
TANATOS.— ¡No, por cierto! Ya conoces mis costumbres.