Tragedias griegas
Tragedias griegas APOLO.— ¡Funestas a los mortales y odiosas a los Diosas!
TANATOS.— No obtendrás nada de lo que no es conveniente que obtengas.
APOLO.— Aunque eres tan cruel, sin duda te aplacarás. He aquí un hombre que avanza hacia la morada de Feres, enviado por Euristeo, desde las llanuras heladas de la Tracia[9], para robar el carro y los caballos, y el cual, habiendo recibido hospitalidad en las moradas de Admeto, te quitará por fuerza a esa mujer. [70] Y no tendré que agradecerte nada, y harás, no obstante, lo que yo quiera, y no por ello me serás menos odiosa.
(Apolo sale de escena).
TANATOS.— Por mucho que hables, no obtendrás nada más. Esa mujer bajará a las moradas de Edes. Voy a buscarla, a fin de sacrificar con la espada; porque está consagrado a los Dioses subterráneos aquel de cuya cabeza esta espada cortó un solo cabello. (Entra en Palacio).
(El Coro, compuesto por quince ancianos de Feras, entra en la orquestra).
PÁRODO (77-140): Primera aparición del Coro en la escena.
PRIMER SEMICORO.— ¿A qué obedece esta soledad en el atrio? ¿Por qué está silenciosa la morada de Admeto?