Tragedias griegas
Tragedias griegas SEGUNDO SEMICORO.— [80] ¿No hay aquà ningún amigo que pueda decir si debemos llorar la muerte de la reina, o si Alcestis, la hija de Pelias, la que se ha mostrado ante mà y ante todos como la mejor de las mujeres para su marido, vive y ve todavÃa la luz?
PRIMER SEMICORO.—
Estrofa I: ¿Oye alguno en las moradas gemidos, palmadas o lamentos, como si el hecho se hubiese consumado? Ninguno de los esclavos [90] está de pie a las puertas. ¡Plegue a los Dioses que te aparezcas, oh Pean, a fin de aplacar estas olas de desgracias[10]!
SEGUNDO SEMICORO.— De seguro que no se callarÃan si ella hubiese muerto. Porque no creo que se hayan llevado de las moradas el cadáver[11].
PRIMER SEMICORO.— ¿Por qué lo crees? No me vanaglorio. ¿Por qué estás seguro?
SEGUNDO SEMICORO.— ¿Cómo iba a hacer Admeto funerales secretos a su querida mujer?
PRIMER SEMICORO.—
Antistrofa I: No veo delante de las puertas el vaso de agua de fuente, [100] como es costumbre en las puertas de los muertos; y no resuenan las manos de las jóvenes[12].
SEGUNDO SEMICORO.— He aquÃ, sin embargo el dÃa marcado…
PRIMER SEMICORO.— ¿Qué dices?