Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— ¿Llora Admeto estos males, ya que es preciso [200] que le sea arrebatada una mujer tan excelente?
LA SERVIDORA.— ¡Claro que sÃ! Llora sosteniendo en brazos[18] a su querida mujer y le suplica que no le abandone, pidiendo lo imposible. Porque ya se extingue ella consumida por el mal, y pesa en los tristes brazos de Admeto. No obstante, aunque apenas respira, quiere contemplar aún la luz de Helios, ¡que ya no volverá a ver nunca la esfera y los rayos de Helios! Pero iré y anunciaré tu llegada, [210] pues no son todos tan benévolos para sus amos, que se acerquen con gusto a ellos en la desgracia. Tú, sin embargo, eres un antiguo amigo para mis amos.
PRIMER SEMICORO.—
Estrofa 1.: ¡Oh Zeus! ¿Cómo salir de estos males? ¿Qué remedio poner a la calamidad que abruma a nuestros amos?
SEGUNDO SEMICORO.— ¿Sale alguien? ¿Cortaré mi cabellera y me vestiré con negras vestiduras?
PRIMER SEMICORO.— ¡No hay duda de que la cosa es manifiesta, amigos! ¡Sin embargo, supliquemos a los Dioses! [220] que el poder de los Dioses es muy grande.
SEGUNDO SEMICORO.— ¡Oh rey Pean, encuentra algún remedio a los males de Admeto! ¡socórrele, socórrele! Porque antes ya le socorriste.[19] ¡Y sé ahora el que le libre de la muerte, reclinan al matador Edes!