Tragedias I
Tragedias I CREONTE. —La naturaleza de mi voluntad no es la de un tirano y la piedad muchas veces me ha sido perjudicial. Ahora veo que me equivoco, mujer, y, sin 350 embargo, obtendrás lo que deseas. Pero te prevengo que, si mañana la antorcha del dios[27] te ve a ti y a tus hijos dentro de los confines de esta tierra, 355 morirás. Lo que te acabo de decir no es falso. Y ahora, si debes quedarte, quédate un dÃa, pues no podrás llevar a cabo ninguna de las acciones que me aterran.
Creonte abandona la escena.
CORIFEO. —¡Desgraciada mujer! ¡Ay, ay, triste por tus pesares! ¿A dónde te dirigirás? ¿A qué hospitalidad 360 vas a recurrir? ¿En qué casa o tierra hallarás la salvación de tus desgracias? ¡Cómo te ha sumergido la divinidad en un oleaje infranqueable de males![28]