Tragedias I
Tragedias I JASÓN. —Debo, según parece, tener el don natural de la palabra y, como buen timonel de navÃo, plegar las 525 velas, para escapar, mujer, a tu insensata locuacidad. En lo que a mà se refiere, puesto que exaltas en demasÃa tus favores, considero que Cipris[42] fue, en la travesÃa, mi única salvadora entre los dioses y los 530 hombres. Tu espÃritu es sutil, qué duda cabe, pero te es odioso declarar que Eros te obligó, con sus dardos inevitables, a salvar mi persona. Pero en este punto no seré demasiado preciso; comoquiera que haya sido tu ayuda, me parece bien. Es innegable, no obstante, 535 que, por mi salvación, has recibido más de lo que has entregado. Me explicaré: en primer lugar, habitas tierra griega y no extranjera, y conoces la justicia y sabes utilizar las leyes sin dar gusto a la fuerza. Todos los 540 griegos saben que eres sabia y te has ganado buena fama; en cambio, si vivieses en los confines de la tierra, no se hablarÃa de ti. No desearÃa yo poseer oro en mi palacio ni entonar un canto más hermoso que el de Orfeo, si no me hubiese tocado en suerte un destino famoso.