Tragedias I
Tragedias I 545 Basta ya con lo que te he dicho acerca de mis desvelos; es evidente que tú iniciaste esta disputa de palabras. En cuanto a los reproches que me diriges por mi boda con la hija del rey, te demostraré, en primer lugar, que he sido sabio, luego, sensato y, 550 finalmente, un gran amigo para ti y para mis hijos. (Ante el gesto indignado de Medea). TranquilÃzate. Cuando yo llegué aquà desde la tierra de Yolco, arrastrando tras de mà innumerables situaciones sin salida, ¿qué hallazgo más feliz habrÃa podido encontrar que casarme con la hija del rey, siendo como era un desterrado? No he aceptado la boda por los motivos que 555 te atormentan ni por odio a tu lecho, herido por el deseo de un nuevo matrimonio, ni por ánimo de entablar competición en la procreación de hijos. Me basta con los que tengo y no tengo nada que reprocharte, sino que, y esto es lo principal, lo hice con la intención de llevar una vida feliz y sin carecer de nada, 560 sabiendo que al pobre todos le huyen, incluso sus amigos[43], y, además, para poder dar a mis hijos una educación digna de mi casa y, al procurar hermanos a los hijos nacidos de ti, colocarlos en situación de igualdad y conseguir mi felicidad con la unión de mi linaje, pues, ¿qué necesidad tienes tú de hijos? Yo 565 tengo interés en que los hijos que han de venir sirvan de ayuda a los que viven. ¿He errado en mi proyecto? No lo podrÃas decir, si no te atormentaran los celos de tu lecho. Pero las mujeres llegáis al extremo de que, mientras va bien vuestro matrimonio, creéis que 570 lo tenéis todo, pero, en el caso de que una desgracia lo alcance, lo más provechoso y lo más bello lo consideráis como lo más hostil. Los hombres deberÃan engendrar hijos de alguna otra manera y no tendrÃa que existir la raza femenina: asà no habrÃa mal alguno 575 para los hombres[44].