Tragedias I
Tragedias I SILENO. —No hay, como te dije, otra cosa que no sea carne.
135 ODISEO. —Ella también es un dulce remedio contra el hambre.
SILENO. —También hay queso cuajado y leche de vaca.
ODISEO. —Traedlo, pues para las compras se necesita luz.
SILENO. —¿Y cuánto oro darás a cambio? Dime.
ODISEO. —Oro no, sino la bebida de Dioniso que llevo conmigo.
SILENO. —¡Qué palabra queridÃsima acabas de pronunciar! 140 ¡Con el tiempo que hace que carecÃamos de ella!
ODISEO. —Es más, Marón, hijo del dios, nos ha regalado la bebida[16].
SILENO. —¿Al que yo una vez crié entre mis brazos?
ODISEO. —El hijo de Baco, para que lo comprendas con más claridad.
SILENO. —¿Está en el puente de la nave o lo llevas contigo?
ODISEO. —He aquà el odre que lo contiene, como 145 puedes ver, anciano.
SILENO. —Ése no sirve ni para llenarme la mandÃbula.