Tragedias I
Tragedias I CORIFEO. —También de mis ojos brota abundante llanto y ojalá que un mal mayor no sobrepase al presente.
JASÓN. —Alabo tu postura de ahora, mujer, y no te reprocho la anterior, pues es natural que el sexo femenino monte en cólera contra el esposo que 910 contrae secretamente otro matrimonio. Pero tu corazón se ha vuelto hacia lo más ventajoso y has comprendido —con el tiempo, bien es verdad— la decisión mejor. Asà actúa una mujer sensata. (A sus hijos). Y a 915 vosotros, hijos mÃos, con sumo cuidado, vuestro padre os ha procurado la salvación con ayuda de los dioses. Y creo que un dÃa estaréis entre los primeros de esta tierra corintia con vuestros hermanos. Creced, pues, que el resto lo llevará a cabo vuestro padre y quien 920 de los dioses os sea propicio. ¡Que pueda veros bien criados y, en la flor de vuestra juventud, superiores a mis enemigos! (A Medea que gime). Y tú, ¿por qué cubres tus pupilas de abundantes lágrimas y vuelves tu blanca mejilla? ¿Por qué no recibes mis palabras alegre?
925 MEDEA. —No es nada. Estoy pensando en mis hijos.
JASÓN. —¡Animo! Yo me ocuparé de ellos.
MEDEA. —Asà lo haré. No deseo desconfiar de tus palabras, pero la mujer es débil por naturaleza y propensa a las lágrimas.