Tragedias I
Tragedias I AntÃstrofa 2.ª.
También lloro tu dolor, desdichada madre de hijos, porque vas a matar a tus criaturas por un lecho nupcial que tu esposo ha traicionado sin razón, para 1000 compartir la vida con otra esposa. (El pedagogo regresa con los niños).
PEDAGOGO. —Señora, he aquà a tus hijos liberados del destierro; la joven reina ha recibido con gusto los regalos en sus manos. En aquella casa hay paz para tus hijos. ¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan 1005 confundida cuando la fortuna te sonrÃe? [¿Por qué vuelves hacia atrás tu mejilla y no recibes alegre mis palabras?].
MEDEA. —¡Ay, ay!
PEDAGOGO. —Tus lamentos no armonizan con mis noticias.
MEDEA. —¡Ay, ay, una vez más!
PEDAGOGO. —¿Te he anunciado sin saberlo una mala noticia? ¿He errado en mi suposición de que te traÃa 1010 una nueva feliz?
MEDEA. —La noticia es tal como es. No te reprocho nada.
PEDAGOGO. —¿A qué vienen esos ojos bajos y ese torrente de lágrimas?
MEDEA. —Una gran necesidad me obliga a ello, anciano, pues lo que va a suceder lo han tramado los dioses y mi locura.