Tragedias I
Tragedias I CORIFEO. —Hasta el punto de que puedes apurar, si quieres, una jarra entera.
CÍCLOPE. —¿De cordero, de vaca, o una mezcla de ambos?
CORIFEO. —De lo que quieras, con tal que no me engullas a mí.
CÍCLOPE. —Pierde cuidado, puesto que, si saltarais 220 vosotros en medio de mi estómago, perecería a causa de vuestras danzas. ¡Eh! ¿Quién es esa multitud que veo junto a los establos? ¿Han ocupado el país piratas o ladrones? Sean lo que sean, veo a mis corderos fuera de la cueva, atados sus cuerpos con juncos retorcidos, 225 y, entremedias, cestos de quesos, y al viejo, con su cabeza calva, completamente hinchada a golpes[21].
SILENO. —¡Ay de mí, siento fiebre, roto como estoy por los golpes, desdichado!
CÍCLOPE. —¿Por causa de quién? ¿Quién se entrenó con tu cabeza para el pugilato, anciano?
SILENO. —Por culpa de éstos (señalando a los griegos230), Cíclope, porque trataba de impedirles que te despojaran de lo tuyo.
CÍCLOPE. —¿No sabían que yo soy un dios y descendiente de dioses?