Tragedias I

Tragedias I

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

SILENO. —Yo se lo estaba diciendo, pero ellos se llevaban tus bienes y, aunque yo me oponía, se comían el queso y sacaban fuera los corderos. Y andaban diciendo que te atarían con un collar de tres brazos 235 y, delante de tu ojo central, te sacarían las entrañas a la fuerza y con un látigo molerían a golpes tu espalda y, luego, atándote a los bancos de la nave y 240 cargándote en ella, te venderían a alguno, para levantar piedras con una palanca o arrojarte a un molino.

CÃCLOPE. —¿De veras? ¿Quieres ir lo más rápido que puedas a afilar los cuchillos de carnicero y, apilando un gran haz de leña, prenderla fuego? Pues ellos, degollados al instante, me proporcionarán a mí, 245 separando las carnes de las brasas, una comida caliente. El resto lo haré cocer en un caldero y se quedará muy tierno, pues ya estoy harto de comida de los montes; bastantes banquetes me he dado ya de leones y de ciervos, y hace mucho tiempo que no pruebo carne humana.

250 SILENO. —Las novedades, después de las cosas habituales, señor, causan mayor agrado. Es evidente que, desde hace mucho tiempo, no habían llegado a tus cuevas otros extranjeros.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker