Tragedias I
Tragedias I TESEO. —¡La tablilla grita, grita cosas terribles! ¿Por dónde escaparé al peso de mis desgracias? ¡Perezco, herido de muerte! ¡Qué canto, qué canto he 880 visto entonar por las lÃneas escritas, infortunado de mÃ!
CORIFEO. —¡Ay, ay, nos muestras palabras que presagian males!
TESEO. —¡No podré detener en las puertas de mi boca la infranqueable y mortal desgracia! ¡Ay ciudad! 885 ¡Hipólito se atrevió a violentar mi lecho, deshonrando la augusta mirada de Zeus![56] ¡Oh padre Posidón[57], de las tres maldiciones que en una ocasión me prometiste, mata con una de ellas a mi hijo y que no 890 escape a este dÃa, si las maldiciones que me concediste eran claras!
CORIFEO. —¡Señor, por los dioses, retira esta maldición! Luego te darás cuenta de que has errado, hazme caso.
TESEO. —Imposible. Y además le expulsaré de esta tierra y recibirá el golpe de uno de estos dos destinos: o Posidón le enviará muerto a las moradas de Hades, 895 por consideración a mis súplicas, o expulsado de esta tierra, errante por un paÃs extranjero, soportará una vida miserable.