Tragedias I
Tragedias I Nada más recibir la orden, todos nos 1185 apresurábamos y en menos tiempo de lo que cuesta decirlo llevamos los caballos preparados junto a nuestro señor. Y él con la mano aferra las riendas, cogiéndolas del parapeto, ajustando él mismo los pies a los estribos y, extendiendo sus manos, comenzaba a suplicar a los 1190 dioses: «¡Zeus, que muera, si soy un malvado, y que mi padre vea cómo me ha deshonrado, bien esté muerto o contemple la luz del sol!». Después de esta súplica, tomando en sus manos el aguijón, fustigó a 1195 los caballos con un solo golpe y nosotros los servidores, al pie del carro, junto a las riendas, seguíamos a nuestro señor por el camino que conduce derecho a Argos y Epidauro.