Tragedias I
Tragedias I ESCLAVA. —Señora —yo, realmente, no rehuyo llamarte con este nombre, puesto que te consideraba digna de él en tu casa, cuando vivÃamos en la llanura de Troya y te era fiel a ti y a tu marido, mientras vivÃa—, vengo ahora trayéndote nuevas noticias, con 60 miedo, por si alguno de los señores se percata, y con compasión por ti. Pues cosas terribles deliberan Menelao y su hija contra ti, cosas que has de precaver.
ANDRÓMACA. —¡Oh queridÃsima compañera de esclavitud! —Pues eres compañera de esclavitud de la que 65 en otro tiempo fue tu señora y ahora una infeliz—. ¿Qué van a hacer? ¿Qué tretas maquinan en su deseo de matarme a mÃ, la muy desdichada?
ESCLAVA. —A tu hijo tratan de matar, oh desdichada de ti, al que sacaste fuera del palacio.
ANDRÓMACA. —¡Ay de mi! ¿Tiene información sobre 70 mi hijo al que oculté?[8] ¿De dónde? ¡Oh desgraciada! ¡Cómo me he perdido!
ESCLAVA. —No lo sé. Yo he sabido de ellos esto: que Menelao está en camino en pos de él, lejos de palacio.
ANDRÓMACA. —¡Perdida estoy entonces! ¡Oh hijo! Esos dos buitres te matarán cuando te cojan. Y el que 75 se llama tu padre resulta que todavÃa está en Delfos.