Tragedias I
Tragedias I HERMÍONE. —¿Y qué? ¿No es eso lo primero en todas partes para las mujeres?
ANDRÓMACA. —Si, al menos para las que hacen uso apropiado. Si no, no está bien.
HERMÍONE. —No administramos la ciudad con las costumbres de los bárbaros.
ANDRĂ“MACA. —Lo vergonzoso, tanto allĂ como aquĂ, causa vergĂĽenza.
245 HERMÍONE. —Sensata, sensata tú. Pero, sin embargo, debes morir.
ANDRÓMACA. —¿Ves la estatua de Cipris que mira hacia ti?
HERMÍONE. —Que odia a tu patria por el asesinato de Aquiles.
ANDRÓMACA. —Helena, tu madre, le hizo perecer, no yo.
HERMÍONE. —¿Es que también en lo sucesivo vas a hurgar en mis desgracias?
250 ANDRÓMACA. —He aquà que me callo y cierro la boca.
HERMÍONE. —Dime aquello por lo que he venido.
ANDRÓMACA. —Digo que tú no tienes la cordura que debieras.
HERMÍONE. —¿Abandonarás este santo recinto de la diosa marina?
ANDRĂ“MACA. —SĂ, si no voy a morir. En caso contrario, no lo abandonarĂ© jamás.