Tragedias I
Tragedias I ANDRÓMACA. —¡Ay de mi! ¡Amargo sorteo y elección 385 de vida me propones! Si tengo suerte me convierto en desdichada y, si no la tengo, en desgraciada. ¡Oh tú que haces grandes males por una causa pequeña! Escúchame. ¿Por qué me matas? ¿A causa de qué? ¿A qué ciudad he traicionado? ¿A cuál de tus hijos he 390 matado yo? ¿Qué casa he incendiado? Me acosté por la fuerza con mi amo, y, ahora, ¿me vas a matar a mí, y no a él, culpable de esto, de modo que dejando el principio te diriges al final, que está después? ¡Ay de mi, por estas desgracias! ¡Oh desdichada patria mía! ¡Qué terribles cosas me pasan! ¿Qué necesidad 395 tenía yo de dar a luz y añadir una carga doble a mi pesar? Mas, ¿por qué me lamento por eso y no reseco[25] y calculo los males que tengo a mis pies? Yo que vi el cadáver de Héctor tras el carro que lo arrastraba[26] y a Ilion incendiada lamentablemente. Yo 400 misma fui como esclava hacia las naves de los argivos, arrastrada por mi cabellera, y, cuando llegué a Ptía, entregada como esposa a los asesinos de Héctor. ¿Por qué, entonces, me va a ser grato vivir? ¿Hacia qué punto es preciso mirar? ¿A mis circunstancias 405 presentes o a las pasadas? Este único hijo era para mí la luz[26a] que me quedaba en mi vida. A éste se disponen a matarlo aquellos a quienes eso parece bien. No, en verdad, por conservar mi desdichada vida. Pues en éste reside mi esperanza, si es que se salva, y para mí es un ultraje no morir por mi hijo. 410 Bueno, en tus manos abandono el altar, para que me degüelles, me mates, me encadenes, me estrangules. ¡Oh hijo! La que te ha dado a luz, para que no mueras, marcha hacia Hades. Si escapas de la muerte, acuérdate de tu madre. ¡Qué cosas sufrió! Y a tu 415 padre, besándolo, derramando lágrimas y echándole los brazos alrededor dile qué cosas hice. Pues para todos los hombres los hijos son su vida. Quien 420 inexperto de ellos lo censura, sufre menos, pero es feliz en su desgracia.