Tragedias I
Tragedias I CORIFEO. —Como si tuviese que levantar el peso de 475 cien carros, con tal de que consigamos ahumar el ojo del CÃclope, que mala muerte tenga, como a una abeja.
ODISEO. —¡Silencio ahora! Conoces perfectamente el engaño. Cuando yo dé la orden, obedeced a quien ha tramado todo. No tengo la intención de salvarme 480 yo solo, abandonando dentro a mis amigos, y eso que podrÃa huir, pues ya estoy fuera de las profundidades de la cueva. Pero no es justo que me salve solo abandonando a mis amigos, con los que vine aquÃ.
CORO
Vamos, ¿quién es el primero, quién, colocándose en orden de batalla después del primero, manteniendo 485 firme la empuñadura del tizón e impulsándolo dentro de los párpados del CÃclope, hará saltar su brillante vista hecha astillas?
(Un cantor viene del interior).
Silencio, silencio. (Aparece el CÃclope entre Odiseo, que lleva un odre, y Sileno con una crátera de vino). ¡Ahà lo tienes, borracho, modulando un grito sin 490 gracia, saliendo fuera de su pétrea morada! ¡Vamos, eduquemos al ignorante en nuestras danzas festivas! Sea como sea, va a quedarse ciego.
PRIMER SEMICORO[36].
Estrofa l.ª.