Tragedias I
Tragedias I ¡Feliz quien lanza el grito báquico por causa de las 495 dulces fuentes de los racimos, tomándose un respiro tumbado para dirigirse a la danza, abrazando a un amigo e intentando, sobre los cojines, aferrar la flor 500 de una suave cortesana, con los bucles ungidos de aceite perfumado!, y dice: «¿Quién me abrirá la puerta?».
CÍCLOPE.
Estrofa 2.ª.
Sa, sa, sa, saciado estoy de vino y gozo con el desenfreno del banquete; lleno como una nave de carga 505 hasta el puente del extremo del vientre, la hierba dulce me impulsa a la fiesta en la estación de la primavera junto a mis hermanos los Cíclopes. ¡Vamos, 510 extranjero, vamos, dame el odre!
SEGUNDO SEMICORO.
Estrofa 3.ª.
Con una dulce mirada en sus ojos, hermoso, sale de su casa. […] Alguien vela por nosotros. Una antorcha enemiga aguarda a tu cuerpo, como una tierna 515 esposa, dentro de la cueva fresca por el rocío. En seguida, coronas de muchos colores harán compañía a tu cabeza[37].
ODISEO. —Cíclope, escucha, pues yo soy el experto en ese 520 Baco que te he dado a beber.
CÍCLOPE. —¿Ya ese Baco se le considera un dios?