Tragedias I
Tragedias I PELEO. —¿Qué esperanza intenta cumplir? ¿Acaso quiere hacerla su esposa?
CORIFEO. —SÃ, y también prepara la muerte para el hijo de tu hijo.
PELEO. —¿Con trampas o yendo a la batalla a rostro descubierto?
CORIFEO. —En el santuario sagrado de Loxias, con 1065 ayuda de los delfios.
PELEO. —¡Ay de mÃ! Esto es terrible de veras. ¿Es que no va a ir uno a toda prisa a la casa pÃtica y les contará lo que pasa aquà a los nuestros que están allÃ, antes que el hijo de Aquiles muera por obra de sus enemigos?
MENSAJERO. —¡Ay de mÃ! Qué desgracias, infeliz de 1070 mÃ, vengo a contarte a ti, oh anciano, y a los amigos de mi señor.
PELEO. —¡Ay, ay! ¡Cómo se recela algo mi corazón profético!
MENSAJERO. —No existe el hijo de tu hijo, has de saber, anciano Peleo. Tales heridas de espada recibió por obra de los delfios y del extranjero de Micenas. 1075
CORIFEO. —¡Eh, eh! ¿Qué vas a hacer, oh anciano? No te caigas. Levántate.
PELEO. —Nada soy. Me he perdido. El habla me ha fallado, me han fallado las articulaciones por dentro.