Tragedias I
Tragedias I 585 HÉCUBA. —¡Oh hija! No sé a cuál de los males he de mirar, porque muchos hay presentes. Pues si toco uno, éste no me deja, y, a su vez, desde allà me reclama otra tristeza que suplanta unas desdichas con otras 590 desdichas. Y, ahora, yo no podrÃa borrar de mi mente tu sufrimiento hasta el punto de no gemir. Pero me has impedido hacerlo en exceso porque, según me anuncian, te has mostrado noble. ¿No es extraño que una tierra mala, si consigue una oportunidad de parte 595 de un dios, produzca perfectamente espiga, y una buena, si no consigue lo que le es preciso obtener, dé mal fruto; y, en cambio, entre los hombres el malvado no sea otra cosa que malo, y el bueno, bueno, y que no corrompa su natural ni siquiera por obra de la desgracia, sino que sea siempre noble? ¿Acaso difieren 600 los progenitores, o las crianzas? Sin embargo, el ser educado correctamente comporta, al menos en cierto sentido, una enseñanza de lo bueno. Si uno aprende bien eso, conoce lo deshonroso porque lo ha aprendido con la regla de lo bueno. Aun en eso, mi razón de nuevo se ha disparado en vano[24 bis].