Tragedias I
Tragedias I HÉCUBA. —Aquà fue enviado como guardián de un oro muy amargo.
AGAMENÓN. —¿Y a manos de quién ha muerto? ¿Qué destino ha encontrado?
HÉCUBA. —¿A manos de qué otro? El huésped tracio lo mató.
AGAMENÓN. —¡Oh desgraciado! ¿Acaso deseó 775 apoderarse del oro?
HÉCUBA. —Asà es, una vez que conoció el desastre de los frigios.
AGAMENÓN. —¿Lo has encontrado en alguna parte? O, ¿quién trajo el cadáver?
HÉCUBA. —Ésta, que se lo ha encontrado en la orilla del mar.
AGAMENÓN. —¿Mientras buscaba a ése o cuando hacÃa otro trabajo?
HÉCUBA. —Fue a traer del mar agua lustral en 780 honor de PolÃxena.
AGAMENÓN. —Después de darle muerte, según parece, el huésped lo arrojó.
HÉCUBA. —Errante por el mar, habiéndole desgarrado el cuerpo de esta manera[31].
AGAMENÓN. —¡Oh desdichada de ti por tus fatigas sin medida!
HÉCUBA. —Perdida estoy y no hay mal que me falte, Agamenón.