Tragedias I
Tragedias I AGAMENÓN. —Y, entonces, ¿para qué ayuda me reclamas?
HÉCUBA. —Para nada de lo que tú sospechas, señor. 760 ¿Ves este cadáver por el que gota a gota derramo mi llanto?
AGAMENÓN. —Lo veo. Sin embargo, no puedo comprender lo que vendrá después.
HÉCUBA. —A éste lo di a luz yo antaño y lo he llevado bajo mi cintura.
AGAMENÓN. —¿Cuál de tus hijos es ése, oh desdichada?
HÉCUBA. —No es de los priámidas que murieron al pie de Ilion.
765 AGAMENÓN. —Pues, ¿es que pariste alguno aparte de aquéllos, mujer?
HÉCUBA. —En vano, según parece, a éste que ves.
AGAMENÓN. —¿Dónde se encontraba, cuando perecÃa la ciudad?
HÉCUBA. —Su padre lo habÃa enviado fuera porque temÃa que muriera.
AGAMENÓN. —¿Adónde lo envió separándolo, a él solo, de los hijos que tenÃa entonces?
HÉCUBA. —A esta tierra, precisamente donde ha 770 sido encontrado muerto.
AGAMENÓN. —¿Junto a Poliméstor, el hombre que manda en esta región?