Tragedias I

Tragedias I

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POLIMÉSTOR. —¡Ay, ay! ¡Oh raza de Tracia, 1090 portadora de lanza, de buenas armas y caballos, sujeta a Ares! ¡Oh aqueos! ¡Oh Atridas! Un grito, un grito emito, un grito. ¡Oh! Venid, llegad, por los dioses. ¿Oye alguno o no va a ayudarme nadie? ¿Por qué os retrasáis? Mujeres me aniquilaron, mujeres cautivas. 1095 Cosas terribles, terribles, me acaban de pasar. ¡Ay de mí, qué gran afrenta! ¿Adónde me he de volver? 1100¿Adónde he de marchar? ¿Volando para arriba [por el éter][36] hacia la techumbre celeste que se cierra en lo alto, donde Orión o Sirio lanzan de sus ojos rayos 1105 ardientes de fuego, o me lanzaré, infeliz de mi, por el sombrío paso que lleva hacia Hades?

CORIFEO. —Es comprensible, cuando a uno le ocurren desgracias mayores que las que puede soportar, que trate de librarse de la infeliz vida.

AGAMENÓN. —He venido al oír tu grito. Pues la hija 1110 de la roca montañosa, Eco, está chillando sin reposo a través del ejército, causando tumulto. Si no supiéramos que las torres de los frigios han caído bajo la lanza de los helenos, este estruendo nos habría causado miedo y no en forma moderada.

POLIMÉSTOR. —¡Oh queridísimo! Pues te he conocido al oír tu voz, Agamenón. ¿Ves lo que me ocurre? 1115


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