Tragedias I
Tragedias I AGAMENÓN. —¡Oh! ¡Poliméstor! ¡Oh desdichado! ¿Quién te ha arruinado? ¿Quién te ha dejado ciega la vista ensangrentándote las pupilas, y ha matado a estos hijos? Realmente, gran rencor contra ti y tus hijos os tenÃa cualquiera que haya sido.
POLIMÉSTOR. —Hécuba me arruinó con ayuda de las 1120 mujeres cautivas. No me arruinó, sino más que eso.
AGAMENÓN. —¿Qué afirmas? ¿Has cometido tú esta obra, según dice? ¿Te has atrevido tu, Hécuba, a esta audacia irremediable?
POLIMÉSTOR. —¡Ay de mÃ! ¿Qué vas a decir? ¿Acaso está cerca en algún sitio? IndÃcame, dime dónde está, 1125 para que arrebatándola con mis manos la destroce y le ensangriente el cuerpo.
AGAMENÓN. —¡Eh, tú! ¿Qué te pasa?
POLIMÉSTOR. —Por los dioses te lo suplico, déjame echar sobre ésta mi mano furiosa.
AGAMENÓN. —Detente. Una vez que hayas expulsado de tu corazón la barbarie, habla, para que, después 1130 de oÃrte a ti y a ésta en turno, juzgue yo con justicia por qué has sufrido esto.