Tragedias I
Tragedias I APOLO[3]. —¡Oh moradas de Admeto, en las que soporté con resignación estar sentado a la mesa de los jornaleros, aun siendo un dios! Zeus, al matar a mi hijo Asclepio, clavándole un rayo en el pecho, fue el responsable de ello. Irritado yo por esto, maté a los 5 CÃclopes, constructores del fuego de Zeus[4]. Y mi padre me obligó, en represalia, a servir como asalariado en casa de un mortal. Y, viniendo a esta tierra, apacentaba las vacas a mi huésped y, hasta hoy, ejercÃa una protección sobre esta casa. Un santo como yo vino a 10 topar con un hombre santo, el hijo de Feres, a quien salvé de morir, engañando a las diosas del Destino[5]. Ellas me permitieron que Admeto escapase, por el momento, de Hades, si entregaba a cambio otro 15 cadáver a los de abajo[6]. Ha ido sondeando, uno a uno, a todos los suyos, a su padre y a la anciana madre que lo trajo al mundo, y a nadie encontró, excepto a su mujer, que quisiera dejar de contemplar ya la luz del sol, muriendo en su lugar. A ella la lleva ahora en 20 sus brazos por la casa, con el alma rota, pues en este dÃa le ha sido decretado morir y abandonar la vida[7]. Y yo, para evitar que la impureza me alcance[8] en la casa, abandono el cobijo queridÃsimo de estos muros. 25 Estoy viendo que se acerca ya la Muerte, sacerdotisa de los muertos, que está a punto de conducirla a la morada de Hades. Ha llegado con puntualidad, guardiana de este dÃa en que ella debe morir[8a].