Tragedias I
Tragedias I ADMETO. —No has venido a este entierro invitado 630 por mÃ, ni considero tu presencia como la de un allegado. Ella nunca vestirá tu ofrenda, porque será enterrada sin necesitar nada de lo tuyo. DebÃas haber compartido el dolor, cuando yo estaba a punto de morir. Pero tú que te has escabullido y has consentido, 635 a pesar de ser un anciano, que muera una persona joven, ¿te atreves a llorar este cadáver? ¿Es que no eras realmente el padre de mi cuerpo? ¿No me engendró la que dice haberme engendrado y se llama mi madre? ¿Hay que creer que, como si hubiese sido de sangre servil, a escondidas fui confiado al pecho de tu 640 esposa? En la prueba has demostrado qué clase de hombre eres, y no me considero hijo tuyo. En verdad que, por tu cobardÃa, sobresales por encima de todos, tú que, siendo de tal edad y habiendo llegado al lÃmite 645 de la vida, no te atreviste a morir por tu hijo. Sino que permitiste que lo hiciera ella, que era una extraña, única a la que yo podrÃa considerar con justicia padre y madre verdaderos. Bella batalla habrÃas librado tú, si hubieses muerto en lugar de tu hijo. Al fin y al cabo breve era el tiempo que te quedaba de vida. 650 [Ella y yo hubiéramos vivido el resto de nuestros dÃas y no hubiera gemido solo ante mis desdichas]. Tú, en cambio, has gozado de toda la felicidad que un hombre puede gozar. En la flor de tu edad fuiste rey y tenÃas en mà un hijo como heredero de este palacio, 655 sin peligro de morir sin descendencia y de dejar la casa huérfana a la rapiña de otros. No dirás que me has entregado a la muerte porque yo he deshonrado tu vejez, yo que he sido siempre muy respetuoso 660 contigo; y, a cambio de todo eso, tú y la que me dio el ser me habéis dado esta recompensa. Vamos, no te demores en tener hijos que alimenten tu vejez y que, una vez muerto, vistan y expongan tu cadáver. Yo no 665 seré quien te entierre con esta mano mÃa, para ti me considero ya muerto. Y si, gracias a otro salvador, veo los rayos del sol, de él yo me digo hijo y querido sustentador de su vejez[55]. Con palabras vanas los ancianos desean morir y se quejan de la vejez y de la 670 larga duración de su vida[56], pero, cuando la muerte se acerca, nadie quiere morir y la vejez ya no es una carga para ellos.