Tragedias I
Tragedias I SIRVIENTE. —No viniste en un momento oportuno para ser recibido en la casa, pues el dolor está con nosotros. Puedes ver nuestro cabello cortado y nuestras negras vestiduras.
HERACLES. —¿Quién ha muerto? ¿Ha partido alguno 820 de sus hijos o su anciano padre?
SIRVIENTE. —Ha perecido la mujer de Admeto, extranjero.
HERACLES. —¿Qué dices? ¿Y aun asà me habéis concedido hospitalidad?
SIRVIENTE. —Le dio vergüenza alejarte de la casa.
HERACLES. —¡Oh infeliz, qué compañera has perdido!
825 SIRVIENTE. —Todos hemos perecido, no ella sola.
HERACLES. —Ya lo habÃa presentido, al ver sus ojos derramando lágrimas, su cabeza rasurada y su rostro, pero me convenció, diciendo que llevaba al sepulcro un funeral ajeno. A mi pesar, después de atravesar 830 estas puertas, me puse a beber en la morada de este hombre hospitalario, estando él en una situación tan dolorosa. ¡Y mira que darme yo un banquete con la cabeza coronada! Culpa tuya es no habérmelo indicado, sumida como estaba la casa en semejante desgracia. ¿Dónde la está enterrando? ¿Dónde le encontraré y por qué camino?