Tragedias I
Tragedias I 835 SIRVIENTE. —Derecho por el camino que conduce a Larisa. Una tumba bien labrada verás al salir del arrabal.
HERACLES. —¡Oh corazón y mano mÃa que tanto habéis soportado, muestra ahora qué clase de hijo la tirintia Alcmena, hija de Electrión, le dio a Zeus! 840 Tengo que salvar a la mujer que acaba de morir e instalar de nuevo a Alcestis en esta casa y dar a Admeto una prueba de mi agradecimiento. Me voy a ir a acechar a la reina de los muertos, de negra túnica, 845 a la Muerte[67]. Creo que la encontraré cerca de la tumba, bebiendo la sangre de sus vÃctimas[68]. Y si, lanzándome desde mi escondrijo, consigo atraparla y la rodeo con mis brazos, nadie conseguirá arrebatarme sus costados 850 doloridos[69], hasta que me entregue a esta mujer. Pero si yo fallo esta presa y no se aproxima a la sangrienta ofrenda, descenderé a las moradas sin sol de los de abajo, de Core y del Soberano[70] y la reclamaré, y tengo confianza en que conduciré arriba a Alcestis, para poder dejarla en los brazos de mi huésped, que me 855 recibió en su casa y no me expulsó, a pesar de estar golpeado por una pesada desgracia; sino que me la ocultó, como noble que es, en consideración a mÃ. ¿Quién de los tesalios más hospitalario que él? De seguro que no tendrá que decir que un hombre noble 860 como él se ha portado generosamente con un hombre vil.