Tragedias I
Tragedias I ADMETO. —Acabas de recordar lo que tortura mi 880 mente. ¿Qué mayor desgracia para un hombre que perder a su fiel esposa? ¡Ojalá que nunca hubiera habitado casado con ella en esta casa! De los mortales envidio a los solteros y sin hijos. Una sola es su 885 vida, sufrir por ella es moderada carga; pero ver las enfermedades de los hijos y el lecho de la esposa asolado por la muerte no es soportable, sobre todo pudiendo vivir siempre soltero y sin hijos.
CORO.
AntÃstrofa.
El destino, el destino que te ha llegado es difÃcil de afrontar.
ADMETO. —¡Ay, ay!
890 CORO. —Y tú no pones lÃmite alguno a tu dolor.
ADMETO. —¡Oh, oh!
CORO. —Pesado de soportar, mas…
ADMETO. —¡Ay, ay!
CORO. —sopórtalo. No eres tú el primero que ha perdido…
ADMETO. —¡Ay, ay de mÃ!
CORO. —a su esposa. La desgracia, unas veces de una forma, otras de otra, oprime siempre a los mortales.