Tragedias I
Tragedias I ADMETO. —¡Oh pesares sin fin y dolores por 895 los seres queridos bajo tierra! ¿Por qué me impediste[73] arrojarme al cóncavo hoyo de la tumba y yacer muerto con aquella mujer incomparable? Dos almas 900 fidelísimas, en vez de una tendría Hades consigo, habiendo atravesado juntos la laguna infernal.
CORO.
Estrofa 2.ª.
Había un hombre en mi familia que perdió un hijo digno de ser llorado, el único que tenía en la casa, 905 mas soportaba con entereza la desgracia, aun privado de hijos, cuando se encaminaba ya a la época de los cabellos blancos y había avanzado mucho en el camino 910 de su vida.
ADMETO. —¡Oh figura de mi casa![74] ¿Cómo franquearé tu entrada? ¿Cómo voy a habitarte ahora que mi destino ha cambiado? ¡Ay de mí! Mucha es la diferencia[75]. En aquella ocasión entraba en ella con las 915 teas del Pelión y los cantos de boda, sosteniendo la mano de mi esposa querida. Bulliciosa comitiva nos seguía, deseándonos felicidad a la muerta y a mí por habernos unido, nobles como éramos y de padres nobles 920 por ambas ramas. Hoy, en cambio, el lamento contesta a los cantos de boda, y negras vestiduras, en lugar de blancas, me acompañan dentro, hacia un 925 tálamo nupcial solitario.
CORO.