Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Sancho, no te aflijas tanto por tu jumento, que yo he perdido el mejor caballo del mundo, pero sufro y disimulo hasta que le halle, porque le pienso buscar por toda la redondez del universo.
—¡Oh señor! —dijo Sancho—, ¿no quiere que me lamente, ¡pecador de mÃ!, si me dijeron en nuestro lugar que este mi asno era pariente muy cercano de aquel gran retórico asno de Balán, que buen siglo haya? Y bien se ha echado de ver en el valor que ha mostrado en esta reñida batalla que con los más soberbios meloneros del mundo habemos tenido.
—Sancho —dijo don Quijote—, para lo pasado, no hay poder alguno, según dice Aristóteles. Y asÃ, lo que por ahora puedes hacer es tomar esta maleta debajo del brazo y llevar esta albarda a cuestas hasta el lugar, y allà nos informaremos de todo lo que nos fuere necesario para hallar nuestras bestias.
—Sea como vuesa merced mandare —dijo Sancho, tomando la maleta y diciendo a don Quijote que le echase la albarda encima.
—Mira, Sancho —replicó él—, si la podrás llevar; si no, lleva primero la maleta y luego volverás por ella.
—Sà podré —dijo Sancho—, que no es ésta la primera albarda que he llevado a cuestas en esta vida.