Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Levantóse don Quijote, aunque con harto trabajo, y salieron los dos fuera de la cabaña; pero cuando no vieron a Rocinante ni el jumento, fue grandÃsimo el sentimiento que don Quijote hizo por él; y Sancho, dando vueltas alrededor de la cabaña buscando su asno, decÃa llorando:
—¡Ay, asno de mi ánima!, ¿y qué pecados has hecho para que te hayan llevado de delante mis ojos? Tú eres la lumbre dellos, asno de mis entrañas, espejo en que yo me miraba. ¿Quién te me ha llevado? ¡Ay, jumento mÃo, que por ti solo y por tu pico podÃas ser rey de todos los asnos del mundo! ¿Adónde hallaré yo otro tan hombre de bien como tú? Alivio de mis trabajos, consuelo de mis tribulaciones, tú solo me entendÃas los pensamientos, y yo a ti, como si fuera tu proprio hermano de leche. ¡Ay, asno mÃo!, y cómo tengo en la memoria que cuando te iba a echar de comer a la caballeriza, en viendo cerner la cebada, rebuznabas y reÃas con una gracia como si fueras persona; y cuando respirabas hacia dentro, dabas un gracioso silbo, respondiendo por el órgano trasero con un gamaút, que mal año para la guitarra del barbero de mi lugar que mejor música haga cuando canta el pasacalles de noche.
Don Quijote se consoló diciendo: