Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Este traidor —dijo don Quijote—, saliendo conmigo mano a mano, camino de Zamora, mientras que yo me bajé de mi caballo para proveerme detrás de unas matas, este alevoso, digo, de Bellido, me tiró un venablo a traición y me ha puesto de la suerte que ves. Por tanto, ¡oh fiel vasallo!, conviene mucho que tú subas en un poderoso caballo, llamándote don Diego Ordóñez de Lara, y que vayas a Zamora; y, en llegando junto a la muralla, verás entre dos almenas al buen viejo Arias Gonzalo, ante quien retarás a toda la ciudad, torres, cimientos, almenas, hombres, niños y mujeres, el pan que comen y el agua que beben, con todos los demás retos con que el hijo de don Bermudo retó a dicha ciudad, y matarás a los hijos de Arias Gonzalo, Pedro Arias y los demás.
—¡Cuerpo de San QuintÃn! —dijo Sancho—. Si vuesa merced ve cuáles nos han puesto cuatro meloneros, ¿para qué diablos quiere que vamos a Zamora a desafiar toda una ciudad tan principal como aquélla? ¿Quiere que salgan della cinco o seis millones de hombres a caballo y acaben con nuestros bienes, sin que gocemos de los premios de las reales justas de Zaragoza? Deme la mano y levántese, y iremos al lugar, que está cerca, para que nos curen y a vuesa merced le tomen esa sangre.