Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Comenzó tras esto a ir a misa con su rosario en las manos, con las Horas de Nuestra Señora, oyendo también con mucha atención los sermones; de tal manera, que ya todos los vecinos del lugar pensaban que totalmente estaba sano de su accidente y daban muchas gracias a Dios, sin osarle decir ninguno, por consejo del cura, cosa de las que por él habÃan pasado. Ya no le llamaban don Quijote, sino el señor MartÃn Quijada, que era su proprio nombre, aunque en ausencia suya tenÃan algunos ratos de pasatiempo con lo que dél se decÃa y de que se acordaron todos, como lo del rescatar o libertar los galeotes, lo de la penitencia que hizo en Sierra Morena y todo lo demás que en las primeras partes de su historia se refiere.
Sucedió, pues, en este tiempo, que, dándole a su sobrina el mes de agosto una calentura de las que los fÃsicos llaman efÃmeras, que son de veinte y cuatro horas, el accidente fue tal, que, dentro dese tiempo, la sobrina Madalena murió, quedando el buen hidalgo solo y desconsolado; pero el cura le dio una harto devota vieja y buena cristiana, para que la tuviese en casa, le guisase la comida, le hiciese la cama y acudiese a lo demás del servicio de su persona, y para que, finalmente, les diese aviso a él o al barbero de todo lo que don Quijote hiciese o dijese dentro o fuera de casa, para ver si volvÃa a la necia porfÃa de su caballerÃa andantesca.