Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Ea!, bajad ese hombre, y no volváis el asno, porque en él habéis de subir luego a pasear por las mismas calles aquel medio loco que ha pretendido estorbar la justicia; que esto manda la mayor de la ciudad se le dé luego, como por principio de las galeras y azotes que se le esperan.
Infinita fue la tristeza que en el corazón del pobre Sancho entró cuando oyó semejantes palabras al alguacil, y más cuando vio que todo se aparejaba para sacar a la vergüenza a su amo, y que toda aquella gente estaba a la puerta de la cárcel diciendo:
—Bien se merece el pobre caballero armado los azotes que le esperan, pues fue tan necio que metió mano, sin para qué, contra la justicia; y sin eso, en la misma cárcel ha descalabrado al hijo del carcelero.
Éstas y otras semejantes razones tenÃan a Sancho hecho loco, sin saber qué hacer ni decir; y asÃ, no hacÃa otra cosa sino escuchar aquà y preguntar allÃ. Pero en todas partes oÃa malas nuevas de las cosas de su amo, al cual comenzaban ya de hecho a desherrar del cepo para sacarle a la vergüenza.