Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Oh, mi señor don Álvaro Tarfe! La vuesa merced sea bien venido. Maravíllome en estremo de la estraña aventura que vuesa merced ha acabado. Dígame luego, por Dios, de qué suerte ha entrado en este inespugnable castillo, adonde yo, por arte de encantamiento, he sido preso con todos estos príncipes, caballeros, doncellas y escuderos que en estas duras prisiones hemos estado tan largo tiempo; de qué manera ha muerto los dos fieros gigantes que a la puerta están, levantados los brazos, con dos mazas de fino acero, para estorbar la entrada a los que, a pesar suyo, quisieren entrar dentro; cómo o de qué suerte mató aquel ferocísimo grifo que en el primer patio del castillo está, el cual, con sus rapantes garras, coge un hombre armado de todas piezas y le sube a los vientos, y allí le despedazan. Envidia tengo, sin duda, a tan soberana hazaña, pues por manos de vuesa merced todos seremos libres. Este sabio encantador, mi contrario, será cruelísimamente muerto, y la maga, su mujer, que tantos males ha causado en el mundo, ha de ser luego sin misericordia azotada con pública vergüenza.