Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Mi señor don Álvaro —dijo don Quijote—, será vuesa merced obedecido en eso puntualmente; y quiero, por hacer algún nuevo servicio a vuesa merced, permitirle que de aquí adelante se acompañe conmigo: cosa que jamás pensé hacer con caballero del mundo. Pero quien ha dado cabo y cima a una tan peligrosa hazaña como ésta, juntamente merece mi amistad y compañía, porque vaya viendo en mí, como en un espejo, lo que por todos los reinos del mundo, ínsulas y penínsulas, he hecho y pienso hacer, hasta ganar el grandísimo imperio de Trapisonda y ser casado allí con una hermosa reina de Ingalaterra, y tener en ella dos hijos, habidos por muchas lágrimas, promesas y oraciones. El primero de los cuales, porque nacerá con una señal de una espada de fuego en los pelos, se llamará el de la Ardiente Espada; el otro, porque en el lado derecho tendrá otra señal parda, de color de acero, a modo de una maza, significadora de las terribles mazadas que ha de dar en este mundo, se llamará Mazimbruno de Trapisonda.
Dieron todos una gran risada; mas don Álvaro Tarfe, disimulando, los mandó salir a todos fuera y rogó a uno de los dos caballeros que con él habían entrado se quedase allí, para que ninguno hiciese mal a don Quijote, mientras él con el otro, que era deudo muy cercano del justicia mayor, iban a negociar su libertad, pues sería cosa fácil el alcanzársela, constando tan públicamente a todos de su locura.