Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Llegó don Álvaro a la cárcel a la que volvían a armar a don Quijote, ya libre de las prisiones; y, a la que le entregaron la adarga, rieron mucho cuando la vieron con la letra del Caballero Desamorado y figuras de Cupido y damas. Y, aguardando que anocheciese para que no fuese visto, le hizo llevar a su posada con un paje, a caballo en Rocinante. Cenaron en ella con él los caballeros amigos de don Álvaro con mucho gusto, haciendo decir a Sancho Panza sobrecena todo lo que por el camino les había sucedido; y cuando Sancho dijo que había burlado a su amo en no haber querido dar a la gallega los docientos ducados, sino solos cuatro cuartos, se metió don Quijote en cólera, diciendo:
—¡Oh, infame, vil y de vil casta! Bien parece que no eres caballero noble, pues a una princesa como aquélla, a quien tan injustamente haces moza de venta, diste cuatro cuartos. Yo juro, por el orden de caballería que recebí, que la primera provincia, ínsula o península que gane ha de ser suya, a pesar tuyo y de cuantos villanos como tú hay en el mundo.
Maravilláronse todos aquellos caballeros de la cólera de don Quijote, y Sancho, viendo enojado a su amo, le respondió: