Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —¡Oh, pesia a los viejos de Santa Susana! ¿Y no conocía vuesa merced en la filomía y andrajos de aquella moza que no era infanta ni almiranta? Y más, que le juro a vuesa merced que, si no fuera por mí, se la llevara un mercadante de trapos viejos para her della papel de estraza, y la muy sucia no me lo agradece agora. Pues a fe que si no fuera porque le tuve miedo, que la hubiera hecho a mojicones que se acordara de Sancho Panza, flor de cuantos escuderos andantes ha habido en el mundo. Pero vaya en hora buena, que si una vez me dio una bofetada y dos coces en estas espaldas, buen pedazo de queso le comí que tenía escondido en el vasar.
Levantóse don Álvaro riendo de lo que Sancho Panza había dicho, y con él los demás; y dio orden que llevasen a don Quijote a un buen aposento, donde le hicieron una honrada cama, en la cual estuvo reposando y rehaciéndose dos o tres días; y a Sancho se le llevaron los pajes a su cuarto, con el cual tuvieron donosísima conversación.