Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Acabado de comer, ensilló Sancho a Rocinante y armó a su amo, el cual, subiendo con lanza y adarga luego a caballo, se salió de casa con una presteza increíble, despedido de don Álvaro con esperanzas de verle en la Corte, adonde le había ofrecido acudir para apadrinarle sin falta en el desafío. Enalbardó también Sancho a su jumento; y, echando en sus alforjas, por mandado de don Álvaro, los relieves de pan y carne que de la mesa habían sobrado, que no eran pocos, envueltos en una toalla, se despidió con mil aleluyas, disparates y promesas de su gobernación de Chipre, de amo y criados; y, tras esto, cargó al rucio de las alforjas y maleta y de sus repolludos cuartos, arreándole aprisa para ir, como él decía, en busca de su señor don Quijote y en alcance del soberbio Bramidán.