Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha De la repentina pendencia que tuvo Sancho Panza con un soldado que, de vuelta de Flandes, iba destrozado a Castilla en compañÃa de un pobre ermitaño
No pudo Sancho alcanzar a su amo, por mucha diligencia que se dio para hacello, hasta a la salida de la ciudad, donde le halló parado frontero el AljaferÃa, que, de corrido de la grita de los muchachos que llevaba tras sÃ, no se atrevió irle aguardando. Pero hÃzolo en dicho puesto, seguro dellos, con la compañÃa de un pobre soldado y venerable ermitaño, que iban a Castilla y Dios le deparó, con quienes le halló hablando. Iban ambos a pie, y empezaron a caminar viendo lo hacÃa don Quijote luego que llegó Sancho; el cual se maravilló de verle platicar con mucha atención con el soldado, preguntándole de dónde venÃa, coligiéndolo de que oyó decir al soldado venÃa de servir a Su Majestad en los estados de Flandes, donde le habÃa sucedido cierta desgracia, la cual le forzó a salir del campo sin licencia, y que en los confines de los estados y del reino de Francia le habÃan desvalijado ciertos fragutes y quitado los papeles y dineros que traÃa.
—¿Cuántos eran ellos? —dijo don Quijote.
—Cuatro —respondió él—, y con bocas de fuego.
Salió Sancho, oyendo la respuesta, diciendo:
