Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Quiero, pues, antes, y es mi voluntad —respondió Sancho—, ¡oh soberbio y descomunal gigante, o soldado, o lo que diablos fueres!, ya que te me has dado por vencido, que vayas a mi lugar y te presentes delante de mi noble mujer y fermosa señora, Mari Gutiérrez, gobernadora que ha de ser de Chipre y de todas sus alhondiguillas, a quien ya sin duda debes de conocer por su fama; y, puesto de rodillas delante della, le digas de mi parte cómo yo te vencà en batalla campal. Y si tienes por ahà a mano o en la faltriquera, alguna gruesa cadena de hierro, póntela al cuello para que parezcas a Ginesillo de Pasamonte y a los demás galeotes que envió mi señor Desamorado cuando Dios quiso fuese el de la Triste Figura, a Dulcinea del Toboso, llamada por su proprio nombre Aldonza Lorenzo, fija de Aldonza Nogales y de Lorenzo Corchuelo.
Y volvióse, dicho esto, a don Quijote, diciendo:
—¿Qué le parece, señor don Quijote, a vuesa merced? ¿Hanse de her desta manera las aventuras? ¿Parécele que les voy dando en el hito?
—Paréceme, Sancho —dijo don Quijote—, que el que se llega a los buenos ha de ser uno dellos, y quien anda entre leones a bramar se enseña.