Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »—Bien sé, señor, que de lo que intentáis hacer tenéis harta vergüenza, pues por tenerla no me osáis responder palabra; y echo de ver también que el intentar tal proceda del grandÃsimo amor que me tenéis y de la represa de tan larga ausencia, pues, a no ser eso, no saliérades de vuestra cama para venir a la mÃa, sabiendo me habÃais de hallar en ella de la suerte que me halláis.
»Oyendo el soldado estas razones y coligiendo dellas el engaño en que la dama estaba, alzó la ropa callando y metióse en la cama, do puso en ejecución su desordenado apetito; porque, viendo ella su resolución, no quiso contradecirle por no enojarle, como le tenÃa por su marido, si bien quedó maravillada no poco de ver que no le hubiese hablado palabra. Porque, sin decirle cosa, se levantó, hecha su obra, y, tomando con todo el silencio que pudo su desnuda espada, se volvió a su aposento y cama, harto apesarado de lo que habÃa hecho, que, en fin, como se consigue a la culpa el arrepentimiento y al pecado la vergüenza y pesar, túvole tan grande luego de su maldad, que maldecÃa por ello su poco discurso y sufrimiento y su maldita determinación, imaginando el delito que habÃa cometido y el peligro en que estaba si acaso el ofendido marido se levantase antes que él.