Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »También a la dama asaltaron sus pensamientos, poniéndola en cuidado el no haberle hablado palabra quien con ella habÃa estado, si serÃa su marido o no. Pero resolvióse en que serÃa él y que la vergüenza de haber hecho cosa tan indecente en tiempo que no estaba ella para semejantes burlas, le habrÃa cerrado la boca. Con todo, propuso (que no debiera) en su corazón darle por lo hecho, a la mañana, una reprehensión amorosa, afeándole su poca continencia.
»Llegada la madrugada y apenas vistas sus primeras luces, se levantó el soldado, que no habÃa podido pegar las de sus ojos con la rabia que tenÃa de lo hecho. Y, estando aún la dama durmiendo, pidió a los primeros criados que topó le abriesen la puerta y le escusasen con su señor de no aceptar el preparado almuerzo y provisión, pues la prisa de la jornada no le daba lugar para detenerse, ni sus obligaciones permitÃan aumentase las muchas con que quedaba a toda aquella casa. Y, aunque los criados porfiaron con él, queriendo ponerle en la alforja lo que para almorzar le tenÃan aparejado, no hubo remedio consintiese lo hiciesen, diciendo no era de su humor el ir cargado, y que, asÃ, le tuviesen por escusado, a más de que una legua de allÃ, en el camino, habÃa una famosa hosterÃa y en ella pensaba detenerse a almorzar, con lo cual se despidió dellos y salió del lugar.»