Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha «—Ido el soldado con la cortedad referida y cargado de miedo y vergüenza, salió de su aposento el noble y descuidado JapelÃn a la hora en que el bullicio de la gente de casa dio muestras de que era ya la de levantarse. Y, llegándose a la cama de su esposa a darle los buenos dÃas y cuidadoso de saber cómo habÃa pasado la noche, asegurándola de que con el contento de verse él en su cama y con heredero della no habÃa podido apenas sosegar, rióse su mujer de la disimulación que mostraba en sus razones y en tomarle la blanca mano, y, mostrando un fingido enojo con su risa, le dijo, retirando hacÃa adentro el brazo:
»—Por cierto, señor mÃo, que sabéis disimular lindamente y que anda ahora bien ligera esa lengua que anoche tan muda tuvistes conmigo. Idos de ahà con Dios y no me habléis por lo menos hoy en todo el dÃa, que bien lo habré menester todo para desenojarme del enojo que tengo con vos tan justamente; y, aun después de pasado, os será menester me pidáis perdón, y no será poco si os lo concedo.
»Rióse JapelÃn del descuido y, cayéndole en gracia, a pesar suyo la besó en el rostro, diciendo: