Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —No dice mal Sancho —dijo uno de los canónigos—, porque muy de temer es el fin triste de todos los interlocutores desa tragedia. Pero no podrán tenerle mejor, moralmente hablando, los principales personajes della, habiendo dejado el estado de religiosos que habÃan empezado a tomar, pues, como dijo bien el sabio prior al galán cuando quiso salirse de la religión, por maravilla acaban bien los que la dejan.
—En verdad —dijo don Quijote—, que si el señor JapelÃn acabara tan bien su vida cuanto honrosamente acabó la del adúltero soldado, que diera por ser él la mitad del reino de Chipre, que tengo de ganar; pues como muriera, no desesperado como murió, sino en alguna batalla, quedara gloriosÃsimo; que, en fin, un bel morir tutta la vita onora.
Quiso Sancho salir a contar otro cuento, y impidiéronselo los canónigos y su amo, diciendo que después le contarÃa; que ahora era bien, guardando el decoro a los hábitos religiosos de aquel venerable señor ermitaño, darle la primer tanda. Y asÃ, le suplicaron la aceptase, contándoles algo que fuese menos melancólico que el cuento pasado, y que no pusiese como él las almas de todas sus figuras en el infierno, porque era cosa que los habÃa dejado tristÃsimos; si bien todos alabaron al curioso soldado de la buena disposición de la historia y de la propriedad y honestidad con que habÃa tratado cosas que de sà eran algo infames.