Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »En efeto, señores, que aquélla que habÃa profesado y prometido castidad a Dios, y la habÃa guardado hasta entonces con notables muestras de virtud (permitiéndolo asà su divina Majestad por su secreto juicio y por dar muestras de su omnipotencia, la cual manifiesta, como canta la Iglesia, en perdonar a grandes pecadores gravÃsimos pecados, y por mostrar también lo que con Él vale la intercesión de la Virgen gloriosÃsima, madre suya, y con cuántas veras la interpone ella en favor de los devotos de su santÃsimo rosario), la perdió por un deleite sensual y momentáneo, yendo a rienda suelta por el camino fragoso de sus torpezas, olvidada de Dios, de su profesión y de todos los buenos respetos que a quien era debÃa. Mas no hay que maravillarse hiciese esto, dejada de la mano de Dios, pues, como dice san AgustÃn, más hay que espantarse de los pecados que deja de hacer el alma a quien desampara su divina misericordia que de los que comete; que eso, dice David, vocean los demonios, enemigos de nuestra salvación, al hombre que llega a tal miseria, tomando ánimo por ello de perseguirle y prometiéndose vencerle en todo género de vicios: Deus dereliquit eum; persequimini et comprehendite eum, quia non est qui eripiat.