Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Pasada la noche en estas ocupaciones y sentimientos y venida la mañana, entró en el hospital un caballero mancebo, a quien tocaba reconocer aquella semana qué gente habÃa entrado y dormido en él; que, para no dar lugar a que no se poblase de vagamundos, tenÃa esta cuerda providencia aquella ciudad de tener administradores que por semanas visitasen los peregrinos y se informasen de sus necesidades. Y, llegándose a doña Luisa, luego que la vio moza y hermosa, aunque mal vestida, le preguntó que de dónde era; y respondiendo ella, con muestras de vergüenza, que de Toledo, replicó él si conocÃa a tales y tales personas bien señaladas en dicha ciudad. Respondió la dama luego que no, porque habÃa mucho tiempo que habÃa salido de allá. Estando en esta plática, se les juntó don Gregorio, diciendo:
»—Esta mujer, señor mÃo, es natural de Valladolid y es mi esposa.
»—Pues ¿para qué —dijo el caballero— es menester mentir aqu� Muéstrenme acá la carta del casamiento, porque, si no son marido y mujer, serán muy bien castigados.
»Sacó luego su carta falsa don Gregorio y enseñósela, de la cual el caballero quedó satisfecho, y les preguntó que adónde caminaban, porque allà no podÃan estar más de sólo un dÃa. Respondió don Gregorio que venÃan a aquella ciudad de asiento para vivir en ella.